Foro Por la memoria del Campo de Gibraltar

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La Casa de la Memoria homenajeó a los supervivientes de La Sauceda y celebró con mucha emoción su primer año de actividad

El salón de actos de la Casa de la Memoria La Sauceda se quedó pequeño. Parte de los asistentes al primer aniversario de su apertura tuvieron que seguir los actos en la sala de la biblioteca contigua. Pero nadie perdió detalle y todo el público participó del ambiente emotivo y reivindicativo que tuvo la tarde-noche. Andrés Rebolledo, presidente del Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar y de la Asociación de Familiares de Represaliados por el Franquismo en La Sauceda y el Marrufo, dio la bienvenida a todos e hizo un breve repaso por lo mucho y bueno que se ha hecho en la casa en su primer año de vida. Agradeció la presencia de supervivientes y familiares de asesinados y represaliados en La Sauceda y el Marrufo en el aniversario y añadió que la casa no tiene sentido sin ellos y sin la memoria de sus familiares desaparecidos. Luego dio la palabra a Juan José Téllez, escritor y periodista algecireño, que recordó la peripecia vital en Jimena de la Frontera de Leopoldo Urrutia, luego conocido como Leopoldo de Luis, escritor nacido en Córdoba en 1918 y uno de los principales representantes de la poesía de la postguerra española. Téllez habló de la amistad que unía a De Luis con Miguel Hernández, la participación de ambos en la guerra en defensa de la República y la estancia del primero como preso republicano en uno de los batallones de esclavos que construyeron las fortificaciones del Estrecho de Gibraltar. Téllez recordó que otro ilustre escritor algecireño, José Luis Cano, valedor en el exilio interior de la Generación del 27, pasó seis meses al principio de la guerra en la cárcel de Algeciras y que todos los días lo llevaban a hacer trabajos forzados en la construcción de la actual carretera que une la ciudad con la playa de Getares y el Faro.  También tuvo palabras para Miguel Puyol, periodista algecireño hermano del pintor Ramón Puyol, que fue fusilado en julio de 1936 por su militancia comunista, y para Ángel María de Lera, escritor que vivió en La Línea, simpatizante anarquista y que estuvo en la cárcel hasta 1947.

Vino luego el momento de los homenajes. Rebolledo tuvo palabras para los familiares presentes en el acto y a cada familia le entregó una reproducción de un cuadro de la pintora María Nieves García Tuma titulado La ermita, en el que se representa la semi-destruida iglesia de La Sauceda. Recogieron las reproducciones un hijo de Bárbara Márquez Ruiz, en 1936 una niña que sobrevivió al bombardeo del valle de La Sauceda e hija de desaparecido en el cortijo del Marrufo;  un nieto de Jacinto Garcés, asesinado en La Sauceda el mismo día de la entrada de las tropas franquistas; Juana Herrera Rodríguez, nieta de Juan Rodríguez Revidiego, fusilado en El Marrufo;  Antonio García Marín, sobrino de un fusilado en Cortes de la Frontera; Juana Barreno Ruiz, superviviente del bombardeo e hija y sobrina de fusilados; y Francisco González, hijo de Juan González Ríos, supervivientes del bombardeo e hijo y hermano de  tres asesinados por las tropas franquistas. Todos ellos recibieron el calor del público y una emotiva ovación que compartieron con los demás miembros de sus familias asistentes al acto. Andrés Rebolledo entregó a cada familia una copia de un cortometraje que se pudo ver a continuación. Se trata de un vídeo de 19 minutos en el que aparecen algunos de  los homenajeados relatando alguna de las vicisitudes vividas por ellos y sus familias durante la guerra o la posguerra. El vídeo es obra de J.M. León Moriche y Antonio Bermejo Canua. El corto se cierra con un listado de todas las personas asesinadas en La Sauceda y El Marrufo de las que hasta el momento se tiene constancia documental. En el cortometraje dan su testimonio las siguientes personas que en su infancia fueron habitantes del valle de La Sauceda: José Lobato Alconchel, Luis Garcés Rodríguez, Josefa Pérez Rodríguez, Inés Pérez Rodríguez, Domingo Pérez Rodríguez, Juan Manuel Rodríguez Gutiérrez, Francisca Rodríguez Gutiérrez, Isabel Contreras Rodríguez, Antonio García Pérez, Bárbara Márquez Ruiz, Juana Barreno Ruiz, Simón Herrera Gavilán, Manuela Rodríguez Cabrera y Juan González Ríos.

Con la emoción a flor de piel tras el homenaje, la Casa de la Memoria vivió otro momento importante. El pintor de Ubrique Antonio Rodríguez Agüera donó a la casa un cuadro de grandes dimensiones, titulado Sucedió en La Sauceda,  que recrea la escena de un fusilamiento. Fernando Sígler, historiador y colaborador del foro, presentó al pintor y recordó que hace unas semanas este mismo artista donó al pueblo de Ubrique una pintura de similares características. Rodríguez Agüera dijo que se había inspirado en una obra de Picasso para pintar el cuadro y alabó la labor de las personas comprometidas con la causa de la memoria. Manuel Ramírez, artista audiovisual, presentó luego dos pequeños cortometrajes en los que se pudo ver cómo fue el proceso creativo del cuadro y los detalles y aspectos técnicos de la obra de Agüera.

Y tras la pintura vino el cante. Juan Pinilla confesó estar totalmente emocionado y admirado por lo que es la Casa de la Memoria y por lo que se estaba viviendo en ella. Sorprendido también por el contenido de la casa e identificado con lo que representa, Pinilla recordó a su bisabuelo asesinado y defendió con bellas palabras la causa de la memoria y la justicia. Todos sus cantes tuvieron un contenido reivindicativo. Se arrancó por granaínas, hizo luego unas peteneras en defensa de la libertad y después recordó a la Niña de los Peines y al Corruco de Algeciras, el mejor cantaor de fandangos republicanos, como él lo definió, y luego, por tangos, recordó el pasado criminal de Manuel Fraga Iribarne. Cerró la velada por bulerías, el público se puso en pie a cantar con él la letra del Anda jaleo de García Lorca, y Juan Pinilla dejó para el final una estrofa que resumía todo lo vivido en la casa, un auténtico homenaje a los desaparecidos, víctimas del franquismo: “Los mataron si tener en cuenta que esos muertos tienen vivos y  su memoria no está muerta”.

 

  

  

Exposición Itinerante

Asociación de Familiares represaliados por el Franquismo en la Sauceda y el Marrufo

En la Memoria

con Francisca Lobato Domínguez


Francisca Lobato Domínguez era una niña de siete años que vivía con sus padres y sus dos hermanos en un paraje entre Jimena y La Sauceda cuando estalló la guerra.

Su padre, Roque Lobato Gutiérrez, fue ejecutado por las tropas franquistas al poco de tomar el poblado de La Sauceda. Allí, cerca de la ermita, fue enterrado clandestinamente por sus verdugos. Su mujer y sus hijos fueron conducidos, junto al resto de la población del valle, al cortijo del Marrufo, donde permanecieron detenidos.

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